dimarts, 12 de maig de 2015

¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?


Hace unos días, el dibujante Hilary Barta se quejaba en su facebook de que ya no se piensa en los niños en el mundo del cómic. Barta, que algunos recordarán por haber dibujado el Splash Brannigan de las Tomorrow Stories de Alan Moore y otros por la serie de Plastic Man que hizo para DC a finales de los 80, lleva los últimos años dedicado a los cómics de Bob Esponja, así que digamos que sabe de lo que habla.
Y, aunque en su comentario Barta se refería, sobretodo, a las tiendas de cómics y a su predilección por llenarse de cartelería y displays con superhéroes malhumorados que seguramente no invitan a que un crío (y unos padres) que jamás se han acercado a un cómic, entren a echar un vistazo, el tema es extensible a gran parte del mundillo del cómic.

Cuando Matt Groening creó Bongo Comics en 1993, lo hizo pensando también en el publico infantil al darse cuenta que los cómics para niños eran cosa del pasado.
Y lo cierto es que así es; tanto en Estados Unidos como aquí.

Los que tengáis más de 30 años y hayáis sido lectores de cómics toda la vida, recordaréis que cuando éramos críos los kioskos se llenaban de propuestas infantiles. Había superhéroes, terror y sci-fi, sí, pero también podías encontrar cómics de Disney y de Hanna-Barbera en ediciones tremendamente económicas, tie-ins de series de TV como Alf, Droids, Los Teleñecos... incluso ediciones más o menos piratas de los animes de la época (¡incluída Heidi!). Con todo ello también convivían las innumerables publicaciones de cómic español y revistas de Superlópez, Mortadelo, Yo y Yo, Guai!, Zipi y Zape y un largo etcétera.
Pienso, sinceramente, que el haber devorado esos cómics de crío, hizo que más adelante leyera superhéroes y más adelante aún me zambullera en el cómic europeo y el underground. Leer cómics infantiles cuando era un crío hizo que me convirtiera en lector de cómics para el resto de mi vida.

Cuando a los 11 o 12 años empecé a leer superhéroes me enganché a ellos por una razón muy sencilla: podía entenderlos. Desde luego los superhéroes de los 80 no son los de hoy en día. Algunos dirán que es que los tiempos también han cambiado y hay que adaptarse y bla, bla, bla. No lo niego, pero da la sensación que se está perdiendo algo básico en el mundillo del cómic: crear nuevos lectores. Dudo mucho que si un crío de repente se compra un número suelto de la actual Superman o Batman de grapa, se enganche. Sencillamente no va a enterarse de nada. Yo mismo, con 35 años que tengo, he estado comprando el Batman de grapa de ECC desde que salió el nº1, pero he decidido abandonar la colección por este mismo motivo: la mayoría de las veces no consigo seguir el hilo. Y no es que sea un cómic para mentes privilegiadas, pero las sagas interminables, las múltiples referencias a otros muchos cómics que tienes que comprar para poder seguir la historia con detalle, etc., acaban por desquiciar (SPOILER: Os juro que no me enteré de que Robin había muerto hasta varios números después de que pasara. Cuando los personajes principales hacían referencias al tema pensé "¿qué me he perdido?" y, tras repasar todos los números anteriores, no encontré respuesta. Internet fue la ayuda que necesitaba... y la que me dijo que me tenía que comprar no-se-qué-tomo para enterarme de todo).

Hace unos días Nae y yo dedicamos unas horas a ordenar mi colección de cómics y me encontré con muchos de esos tebeos que leía de crío. Me releí la colección entera de Alf (bueno, entera no; me faltan un par de números) y me encantó. Y releí un retapado de Vietnam y me entusiasmó. Y hoy mismo he releído el nº36 de Superman (primera etapa) de Zinco, con la aparición de un personaje tan kitsch como Valdemar el flamígero, y ha sido lo que me ha animado a escribir esta entrada. En los 80 también hubo Watchmen, Dark Knight, Green Arrow y mil cosas más destinadas a un público más adulto, pero un crío podía pasar de leer el Yo, Donald a leer Superman sin que le explotara la cabeza.

No hace mucho también, no sé qué dibujante o guionista (la memoria me falla) de DC criticaba abiertamente el rumbo que habían tomado los consejos editoriales en los últimos años, reinventando personajes sin ningún sentido, matándolos y resucitándolos sin mesura, implantando grandes eventos y grandes sagas en perjuicio de la creatividad, la originalidad y la calidad. No podría estar más de acuerdo.

Me preocupa, como amante de los cómics, que mi generación (la de los 30) sea la última que disfrute de los cómics porque no se está incentivando a las generaciones que vienen detrás. Las editoriales, las productoras de cine y los grandes grupos saben que nosotros nos gastamos la poca pasta que tenemos en ver pelis de superhéroes, en tomos carísimos y en merchandising de todo tipo. Y eso es lo que están explotando y en eso es en lo que se están centrando porque es dinero rápido y fácil. Pero, aunque suene a ranciofact, los niños son el futuro. Walt Disney decía que un niño no solo es un cliente multiplicado por tres, niño, mamá y papá, sino una persona que tiene frente a sí una vida entera como consumidor. No creo que nadie se atreva a llevarle la contraria.



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