dimarts, 3 de març de 2015

Lo justo y lo posible

Este va a ser un post delicado. Delicado, más que nada, porque va a tocar una de las fibras más sensibles de la comunidad creativa: la compensación por una obra. Va a ser un post delicado, me temo, porque puede que se interpreten mis palabras en una forma equivocada... por eso voy a intentar ser lo más claro posible.

Veamos: a menudo, dentro de la comunidad creativa (y me refiero aquí tanto a escritores como a ilustradores, a músicos y a todos aquellos que se dedican a las artes) existe la omnipresente queja (o el omnipresente comentario) de lo mal pagado que se está y lo poco que se valora el esfuerzo de cada uno. No lo voy a negar: los escritores, los músicos, los ilustradores y todos los demás artistas están, efectivamente (y en general), muy mal pagados. Un trabajo creativo implica, a menudo que primero se hace el trabajo en sí y después, dependiendo de la propia repercusión de este, se recibe mayor o menor compensación gracias al sistema de royalties. Y, lamentablemente (porque es lamentable se mire como se mire) recibir unos buenos royalties por un trabajo no depende solamente del trabajo en sí; también de la capacidad de situar dicho trabajo en una buena posición dentro de un mercado donde hay más pastel que comensales.

Dentro del mundo literario y, más concretamente, en Tyrannosaurus Books, hemos vivido en carne propia experiencias que nos sirven a la perfección para ilustrar esta reflexión y, con el permiso de su autor, explicaré el caso de uno de los títulos que más ataques al corazón nos ha provocado desde su publicación: El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas.
En el momento de su publicación (junio de 2013), Tyrannosaurus Books estaba en una situación muy diferente a la actual. Hacía escasamente 6 meses que habíamos empezado a distribuir de manera clásica nuestros títulos en librerías y aún éramos un sello prácticamente desconocido (lo seguimos siendo, para gran parte del público, pero esa es otra historia). El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas era un título en el que teníamos puestas muchas esperanzas. Tenía una calidad literaria tremenda, se apartaba sobremanera del resto de novelas de terror que se estaban publicando y estaba escrita por uno de los autores más destacados de la nueva hornada de autores españoles que Dolmen había conseguido dar a conocer gracias a su línea Z.
Con todo eso en la cabeza y con la intención de dejar claro que se trataba de una obra muy distinta, decidimos darle un tratamiento diferente al resto. El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas inauguró la colección Dirt de Tyrannosaurus Books, una colección con un diseño muy concreto con el que pretendíamos llegar no solo a los lectores de género; también a todos los demás. Sin ser para nada un libro para todos los públicos, sí que creíamos que El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas era una obra capaz de seducir a lectores que jamás se acercarían a un libro "de terror".
Darío Vilas había hecho un gran trabajo escribiendo la novela. Nosotros, como editorial, estábamos muy orgullosos del packaging que le habíamos dado (por cierto, un poco de trivia, que siempre relaja: la foto de portada, realizada por Nae Esteban -editora de la línea infantil de Tyranno-, se hizo en una granja propiedad de unos parientes de Ester Olivé, pareja de José M. Rodríguez -editor de la línea cine de Tyranno-, cuyo brazo y pierna son los que aparecen en primer plano)... ¿qué podía fallar?
Un buen libro, una buena edición... y, además, unas reseñas espectaculares. De El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas mandamos muchos ejemplares de prensa porque no dejaban de pedirlos. Salieron innumerables reseñas y críticas y, salvo que me falle la memoria, no recuerdo que hubiera ni una sola que fuera negativa. Se habló del libro en incontables webs y blogs, José M. y Darío hablaron sobre él por la radio... Autor y editorial ya nos estábamos frotando las manos con los royalties que íbamos a recibir del libro cuando, sin vaselina ni nada, llegaron los números de venta: el libro había funcionado fatal. ¿Cómo podía ser?
Con el tiempo y la experiencia sabemos que hubieron varias cosas que fallaron. Junio no fue el mes más acertado para publicarlo, por ejemplo, y la distribución dejó mucho que desear. La HOSTIA así, en mayúsculas, que se pegó El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas fue un golpe durísimo para todos nosotros del que solo nos recuperamos cuando, más de un año después, en otoño de 2014, hicimos una redistribución aprovechando el cambio de distribuidora y la nominación (que luego se transformó en premio) del libro a los NOCTE como Mejor Novela Nacional de Terror. A día de hoy, sin tener todavía los nuevos números de venta, sí que sabemos que el libro se ha distribuido como Dios manda y que quedan muy pocos ejemplares en el almacén, lo que nos hace pensar que por fin ha funcionado como se merecía.

Bien, explico el caso de El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas porque es un libro cuyo autor no recibió ningún adelanto económico, solo la promesa de unos royalties que dependían de las ventas y que, por tanto, y a tenor de como funcionó en el momento de su publicación, es un claro ejemplo de lo mal pagados que están los autores. Si El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas no hubiera tenido una segunda distribución un año después, lo que Darío hubiera cobrado por el mismo no hubiera compensado, ni en broma, el trabajo que le llevó escribirlo.
Y ahora mirémoslo también desde el punto de vista editorial: El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas fue, hasta su redistribución el año pasado, un libro deficitario. La inversión económica que supuso para Tyrannosaurus publicar el libro no se recuperó y, evidentemente, si ni siquiera se recuperó la inversión, tampoco generó ninguna ganancia.
Y esto nos lleva a la mare dels ous, que decimos los catalanes: a lo justo y lo posible. ¿Hubiera sido más justo que, teniendo en cuenta la calidad literaria de El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas, las increíbles reseñas, el Premio NOCTE y, por supuesto, las horas de trabajo, el autor hubiera recibido un adelanto por su publicación? Desde un punto de vista artístico: sin ninguna duda. Desde un punto mercantilista: ni de coña. ¿Pesa más, entonces, el punto mercantilista que el artístico? Respuesta corta: sí. Respuesta larga: sí, pero...

...¿Qué es lo posible? Miremos de extrapolarlo al "mundo real" con un ejemplo muy básico. Si alguien que se dedica a limpiar escaleras cobra 10€ la hora y realiza 10 horas de trabajo, lo justo es que cobre 100€. Si alguien escribe un libro y le dedica 500 horas, a estos 10€ la hora, ¿debería cobrar 5000€ por el libro? pues, sinceramente, ¿qué habría de malo? sería lo justo, visto así. Ahora imaginemos que alguien viene a Tyrannosaurus con esta idea. Sabiendo que nuestras tiradas son de entre 300 y 500 ejemplares y que a la práctica va a recibir entre 1€ y 2€ por ejemplar vendido... ¿llegaría a ingresar esos 5000€ que desea?
¿Es justo pagar 5000€ a un autor por un libro con un planteamiento como éste? SÍ. ¿Es posible hacerlo? NO. Dolorosamente, es así de claro.
Entonces... volvamos al principio. ¿Los artistas están mal pagados dentro del actual sistema? Sin ninguna duda. ¿Se les PUEDE compensar como merecen DENTRO DEL ACTUAL SISTEMA? Difícilmente.

Vale, el sistema es una mierda. Hasta aquí estamos todos de acuerdo. Pero, entonces, ¿qué solución hay? Básicamente hay dos cosas que hay que tener muy claras para poder seguir adelante:
1- Ser muy conscientes de la realidad; conocerla.
2- No dormirse en los laureles ni fantasear demasiado.
Conociendo la realidad, uno puede adecuar lo justo a lo posible. Por ejemplo: si sabemos que Tyrannosaurus no va a publicar, a priori, más de 500 ejemplares de tu libro, difícilmente podrás ganar los 5000€ que quieres publicando con nosotros. Entonces, sencillamente, tal vez Tyrannosaurus no sea la editorial que necesitas. Y esto (me gustaría recalcarlo para que no se malinterpreten mis palabras) no quiere decir que Tyrannosaurus pague poco, sino que paga lo que es posible para una editorial así. Otras editoriales podrán pagar más no porque tengan capacidad de soltar más dinero, sino porque tendrán capacidad de una mejor colocación en este mercado que decíamos antes en el que sobra pastel por todas partes y podrán hacer mayores tiradas y campañas de promo más efectivas. Por supuesto, también habrá editoriales que no podrán llegar a lo que se puede ganar publicando con Tyrannosaurus por, EXACTAMENTE, la misma razón pero a la inversa.

Hablo ahora como autor: antes de fundar Tyrannosaurus Books trabajé durante muchos años como escritor freelance. Escribí varios libros (algunos de ellos todavía están a la venta) y colaboré activamente con diversas revistas de kiosko. La mayoría de libros que escribí fueron libros de encargo. Ni que decir tiene que me sentía mal pagado pero, tras los primeros 12 o 14 meses trabajando así y poniéndome como un basilisco cada vez que llegaban royalties que cobrar, hice un esfuerzo para mirar de entender qué estaba fallando. No me creía a los editores cuando me pasaban los informes de venta; pensaba que me estafaban y que realmente se vendían muchos más libros de los que me decían. Así que, simplemente, empecé a escandallar (hasta donde pude) mis libros conociendo las tiradas que tenían. Puesto que mi profesión es la de diseñador gráfico, conocía los costes de impresión aproximados de los libros; y, puesto que también había trabajado unos años en una librería, sabía el porcentaje que se quedaban de cada libro. Una vez hechos los cálculos me di cuenta de que estaba cobrando lo correcto (que no quiere decir que fuera lo justo). Entonces también me di cuenta de eso que repito una y otra vez en este blog: lo de que no se pueden pedir peras al olmo.
Las editoriales con las que trabajaba tenían las posibilidades que tenían debido a las tiradas que podían realizar. Había otras editoriales con otras posibilidades, claro que sí, y eso fue lo que me hizo entender la diferencia entre lo justo y lo posible.
En los años en los que trabajé como freelance y, tras asimilar todo esto, me fui abriendo camino en otras editoriales con mayores posibilidades pero sin abandonar las que ya tenía. Simplemente, multipliqué mi ritmo de trabajo. Así, podía hacer un libro de encargo al mes, por ejemplo, mientras escribía para diversas revistas. Hubo ocasiones en las que llegué a cobrar más por un artículo en una revista que por un libro de 300 páginas; pero es que la realidad era esta.

Ejemplos de lo justo y lo posible los hay a patadas. En Tyrannosaurus también nos hemos encontrado, por ejemplo, con ilustradores que se han ofrecido como portadistas y, tras decirles nuestras tarifas, se han indignado diciendo que son ridículas. ¿Es realmente así? ¿Son tarifas ridículas para una editorial como Tyrannosaurus? la respuesta es no, no lo son. Son las tarifas posibles para una editorial como Tyrannosaurus. Si a un ilustrador no le compensa por las horas que dedica a una portada, simplemente es que Tyrannosaurus no es la editorial que le conviene. Y ya está. Así de fácil. El coste de una portada entra dentro del escandallo de un libro. Y si el coste total de un libro es, por decir algo, de 1000€, la portada no puede costar 700€. Tal vez un libro cuyo coste sea de 10.000€ sí que puede asumir una portada de 700€. Pero esa es otra liga y la puerta a la que llamar no está en Les Franqueses del Vallès sino en la Avinguda Diagonal de Barcelona.

Entender lo justo y lo posible es lo que puede conseguir que se deje de pensar aquello de que los editores son unos sátrapas que se enriquecen a costa del trabajo de los escritores, es lo que puede hacer que uno deje de lamentarse y se ponga a trabajar y, sobretodo, entender esto es la clave para rentabilizar el esfuerzo y la dedicación propias.

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