dilluns, 22 de setembre de 2014

Casos REALES de experiencias tyrannosáuricas con agencias y agentes!

CASO #1
Nos interesamos por publicar una trilogía de un autor americano ya fallecido, una auténtica leyenda de la ciencia-ficción. Tras hablar con la familia, nos ponen en contacto con la agencia literaria que representa la obra en España y que resulta ser una de las agencias más potentes del país.
Tras varios intentos (contestar e-mails y llamadas es algo que no se estila mucho), conseguimos hablar con ellos, que nos piden que les detallemos nuestros planes. Lo hacemos y dicen que lo valorarán y nos darán respuesta. Pasan los meses. Tras mucho insistir, un día nos devuelven la respuesta con una llamada en la que nos piden una suma considerable por adelantado, al mismo tiempo que defienden la obra en la que estamos interesados (y que por lo que dicen, está claro que no se han leído) en un tono extraño. Si no fuera porque es algo totalmente impensable, diríamos que la agente en cuestión se ha pasado con el vino a la hora de la comida (la llamada es a primera hora de la tarde). Lo que piden es pasta, pero bueno, les decimos que lo valoraremos. Lo estudiamos y decidimos liarnos la manta a la cabeza y aceptar, así que al cabo de dos días les escribimos para decir que adelante. Reacción de la agencia: nos piden más dinero. Les contestamos que nosotros no estamos haciendo ninguna oferta, sino aceptando la que ellos mismos nos propusieron unos días atrás. Silencio. Pasan los meses. Preguntamos qué pasa. Al cabo de unos días, recibimos una nueva llamada de la agente etílica, que nos dice, literalmente: "No tengo tiempo de hablar, que voy muy liada, ya os llamaré". Recalco que es ella quien nos llama. Desde entonces vivimos pegados al teléfono, pero nada...

CASO #2
Uno de los autores a los que hemos publicado firma contrato con una agente, que pide reunirse con nosotros. Aceptamos. Vamos a la reunión y nos comenta que quiere que le devolvamos los derechos del libro que hemos publicado a su autor porque ella quiere llevar la obra completa del mismo. "Vale", le decimos, "el libro acaba de salir publicado no hace ni dos meses. Ni siquiera sabemos aun si se está vendiendo bien o no, así que todavía no podemos hacerlo". "Planeta lo haría", nos dice. La primera. "¿Para qué quieres los derechos ahora?", le preguntamos. "¿Vas a mover el libro por el extranjero o algo así?". "No", responde. "Nosotros no tenemos ni idea de literatura de terror. No voy a hacer nada con este libro, pero quiero tener toda la obra (del autor en cuestión)". La segunda. "¿Entonces como es que habéis cogido a este autor en la agencia, si no tocáis el género que él hace?", preguntamos. "Porque le hemos dicho que haga un libro de amor, que eso sí que lo podemos colocar bien", dice. "Ah", exclamamos todos al unísono. "Escribe muy bien", continua ella. "Bueno, no lo sé, porque no me he leído el libro (el libro del que quiere los derechos). Yo, es que con los libros de terror, no puedo". La tercera y gong final. 

CASO #3
Mi caso preferido: queremos publicar una obra de ciencia-ficción clásica. Un título que ya tiene más de 30 años, que en su momento fue un gran éxito, pero que lleva muchos años sin reeditarse. Contactamos con la agencia española que representa a la editorial original. Otra de las grandes agencias literarias españolas (distinta a la del caso #1). Les escribimos, les hacemos una oferta, la rechazan, nos hacen una contra-oferta, la rechazamos, les hacemos otra contra-oferta, la aceptan. Bien. Mientras ellos preparan el contrato, nosotros buscamos traductor y lo encontramos. Esperamos el contrato. Y lo esperamos. Y lo esperamos. Pasan las semanas, pasan los meses, y seguimos esperando el contrato. Paralelamente, la agencia en cuestión nos ha puesto en su base datos y recibimos día si y día también spam ofreciéndonos otros títulos y anunciando que ahora llevan la editorial tal o la editorial cual. Y pasan los meses. Y les mandamos e-mails preguntando y no hay respuesta. Y les llamamos y no cogen el teléfono. De repente, un día, tras un e-mail un poco borde en el que les decimos que dejen de mandarnos spam y que nos manden el contrato del libro que YA hemos acordado contratarles, nos contestan: lo están preparando. "Vale", decimos. Un poco de paciencia. El traductor nos pregunta y le decimos que está todo en marcha. Pasan las semanas, pasan los meses. Sigue llegando spam a tutiplén. Seguimos preguntando, al menos una vez al mes, como está la cosa. Ni caso. Un nuevo e-mail borde y una nueva respuesta: están a la espera de que los americanos les pasen el contrato. "Vale", les decimos. "Mientras tanto, para ir ganando tiempo, pasad los materiales y así vamos trabajando en la traducción". Silencio. Pasan las semanas, pasan los meses. Ya son 6 meses desde que llegamos a un acuerdo. Insistimos. No contestan. Un tercer o cuarto o quinto e-mail borde a los 10 meses desde el inicio de todo el tema y nueva contestación. Giro de los acontecimientos: "El editor americano ha perdido el contrato, así que hay que volver a empezar". Nos enfadamos primero y nos resignamos después. A estas alturas ya nos ha tirado por los aires el calendario de publicaciones del año y parte del presupuesto, pero como el libro nos interesa, seguimos adelante. Aún así, le decimos a nuestro traductor que no sabemos cómo va a acabar la cosa, así que, por el momento, no cuente con ella. Pasan 3 meses más y de repente recibimos un e-mail tipo: "Sr. editor: le enviamos ejemplar del libro solicitado por correo para traducción". ¿Es posible? ¿Por fin nos mandan los materiales? Eso es que el contrato ya está al caer también, ¿no?
Llega el libro. Un ejemplar de una manoseada edición de bolsillo americana de principios de los 80. Tras la euforia inicial (y la eterna pregunta de por qué no mandan los materiales digitalizados), nos sentamos a repasar el libro antes de mandárselo a nuestro traductor y (oh, sorpresa) es un ejemplar defectuoso al que le faltan varias páginas. Nos da un ataque de risa histérica. Uno de nosotros empieza a dar vueltas en círculos, otro a darse cabezazos contra la pared. Yo decido ponerme un embudo en la cabeza, una mano en el pecho y salir a la calle sin pantalones ni calzoncillos mientras canto a gritos la internacional.
Casi un año después, el contrato sigue sin llegar, pero acaba de entrar más spam. Ou, Yeah.


2 comentaris:

  1. Mi caso concreto: me entero que una editorial está buscando un libro exactamente de las características del mío. Se lo digo a mi agente, que contacta con la editorial. Y luego me dice que no lo querían porque buscaban novelas románticas. Le contesto que la mía lo es. "¿Ah, sí?" - es la contestación. Evidentemente, desde ese momento, no tengo agente.

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