dimarts, 12 de maig de 2015

¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?


Hace unos días, el dibujante Hilary Barta se quejaba en su facebook de que ya no se piensa en los niños en el mundo del cómic. Barta, que algunos recordarán por haber dibujado el Splash Brannigan de las Tomorrow Stories de Alan Moore y otros por la serie de Plastic Man que hizo para DC a finales de los 80, lleva los últimos años dedicado a los cómics de Bob Esponja, así que digamos que sabe de lo que habla.
Y, aunque en su comentario Barta se refería, sobretodo, a las tiendas de cómics y a su predilección por llenarse de cartelería y displays con superhéroes malhumorados que seguramente no invitan a que un crío (y unos padres) que jamás se han acercado a un cómic, entren a echar un vistazo, el tema es extensible a gran parte del mundillo del cómic.

Cuando Matt Groening creó Bongo Comics en 1993, lo hizo pensando también en el publico infantil al darse cuenta que los cómics para niños eran cosa del pasado.
Y lo cierto es que así es; tanto en Estados Unidos como aquí.

Los que tengáis más de 30 años y hayáis sido lectores de cómics toda la vida, recordaréis que cuando éramos críos los kioskos se llenaban de propuestas infantiles. Había superhéroes, terror y sci-fi, sí, pero también podías encontrar cómics de Disney y de Hanna-Barbera en ediciones tremendamente económicas, tie-ins de series de TV como Alf, Droids, Los Teleñecos... incluso ediciones más o menos piratas de los animes de la época (¡incluída Heidi!). Con todo ello también convivían las innumerables publicaciones de cómic español y revistas de Superlópez, Mortadelo, Yo y Yo, Guai!, Zipi y Zape y un largo etcétera.
Pienso, sinceramente, que el haber devorado esos cómics de crío, hizo que más adelante leyera superhéroes y más adelante aún me zambullera en el cómic europeo y el underground. Leer cómics infantiles cuando era un crío hizo que me convirtiera en lector de cómics para el resto de mi vida.

Cuando a los 11 o 12 años empecé a leer superhéroes me enganché a ellos por una razón muy sencilla: podía entenderlos. Desde luego los superhéroes de los 80 no son los de hoy en día. Algunos dirán que es que los tiempos también han cambiado y hay que adaptarse y bla, bla, bla. No lo niego, pero da la sensación que se está perdiendo algo básico en el mundillo del cómic: crear nuevos lectores. Dudo mucho que si un crío de repente se compra un número suelto de la actual Superman o Batman de grapa, se enganche. Sencillamente no va a enterarse de nada. Yo mismo, con 35 años que tengo, he estado comprando el Batman de grapa de ECC desde que salió el nº1, pero he decidido abandonar la colección por este mismo motivo: la mayoría de las veces no consigo seguir el hilo. Y no es que sea un cómic para mentes privilegiadas, pero las sagas interminables, las múltiples referencias a otros muchos cómics que tienes que comprar para poder seguir la historia con detalle, etc., acaban por desquiciar (SPOILER: Os juro que no me enteré de que Robin había muerto hasta varios números después de que pasara. Cuando los personajes principales hacían referencias al tema pensé "¿qué me he perdido?" y, tras repasar todos los números anteriores, no encontré respuesta. Internet fue la ayuda que necesitaba... y la que me dijo que me tenía que comprar no-se-qué-tomo para enterarme de todo).

Hace unos días Nae y yo dedicamos unas horas a ordenar mi colección de cómics y me encontré con muchos de esos tebeos que leía de crío. Me releí la colección entera de Alf (bueno, entera no; me faltan un par de números) y me encantó. Y releí un retapado de Vietnam y me entusiasmó. Y hoy mismo he releído el nº36 de Superman (primera etapa) de Zinco, con la aparición de un personaje tan kitsch como Valdemar el flamígero, y ha sido lo que me ha animado a escribir esta entrada. En los 80 también hubo Watchmen, Dark Knight, Green Arrow y mil cosas más destinadas a un público más adulto, pero un crío podía pasar de leer el Yo, Donald a leer Superman sin que le explotara la cabeza.

No hace mucho también, no sé qué dibujante o guionista (la memoria me falla) de DC criticaba abiertamente el rumbo que habían tomado los consejos editoriales en los últimos años, reinventando personajes sin ningún sentido, matándolos y resucitándolos sin mesura, implantando grandes eventos y grandes sagas en perjuicio de la creatividad, la originalidad y la calidad. No podría estar más de acuerdo.

Me preocupa, como amante de los cómics, que mi generación (la de los 30) sea la última que disfrute de los cómics porque no se está incentivando a las generaciones que vienen detrás. Las editoriales, las productoras de cine y los grandes grupos saben que nosotros nos gastamos la poca pasta que tenemos en ver pelis de superhéroes, en tomos carísimos y en merchandising de todo tipo. Y eso es lo que están explotando y en eso es en lo que se están centrando porque es dinero rápido y fácil. Pero, aunque suene a ranciofact, los niños son el futuro. Walt Disney decía que un niño no solo es un cliente multiplicado por tres, niño, mamá y papá, sino una persona que tiene frente a sí una vida entera como consumidor. No creo que nadie se atreva a llevarle la contraria.



dimarts, 3 de març de 2015

Lo justo y lo posible

Este va a ser un post delicado. Delicado, más que nada, porque va a tocar una de las fibras más sensibles de la comunidad creativa: la compensación por una obra. Va a ser un post delicado, me temo, porque puede que se interpreten mis palabras en una forma equivocada... por eso voy a intentar ser lo más claro posible.

Veamos: a menudo, dentro de la comunidad creativa (y me refiero aquí tanto a escritores como a ilustradores, a músicos y a todos aquellos que se dedican a las artes) existe la omnipresente queja (o el omnipresente comentario) de lo mal pagado que se está y lo poco que se valora el esfuerzo de cada uno. No lo voy a negar: los escritores, los músicos, los ilustradores y todos los demás artistas están, efectivamente (y en general), muy mal pagados. Un trabajo creativo implica, a menudo que primero se hace el trabajo en sí y después, dependiendo de la propia repercusión de este, se recibe mayor o menor compensación gracias al sistema de royalties. Y, lamentablemente (porque es lamentable se mire como se mire) recibir unos buenos royalties por un trabajo no depende solamente del trabajo en sí; también de la capacidad de situar dicho trabajo en una buena posición dentro de un mercado donde hay más pastel que comensales.

Dentro del mundo literario y, más concretamente, en Tyrannosaurus Books, hemos vivido en carne propia experiencias que nos sirven a la perfección para ilustrar esta reflexión y, con el permiso de su autor, explicaré el caso de uno de los títulos que más ataques al corazón nos ha provocado desde su publicación: El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas.
En el momento de su publicación (junio de 2013), Tyrannosaurus Books estaba en una situación muy diferente a la actual. Hacía escasamente 6 meses que habíamos empezado a distribuir de manera clásica nuestros títulos en librerías y aún éramos un sello prácticamente desconocido (lo seguimos siendo, para gran parte del público, pero esa es otra historia). El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas era un título en el que teníamos puestas muchas esperanzas. Tenía una calidad literaria tremenda, se apartaba sobremanera del resto de novelas de terror que se estaban publicando y estaba escrita por uno de los autores más destacados de la nueva hornada de autores españoles que Dolmen había conseguido dar a conocer gracias a su línea Z.
Con todo eso en la cabeza y con la intención de dejar claro que se trataba de una obra muy distinta, decidimos darle un tratamiento diferente al resto. El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas inauguró la colección Dirt de Tyrannosaurus Books, una colección con un diseño muy concreto con el que pretendíamos llegar no solo a los lectores de género; también a todos los demás. Sin ser para nada un libro para todos los públicos, sí que creíamos que El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas era una obra capaz de seducir a lectores que jamás se acercarían a un libro "de terror".
Darío Vilas había hecho un gran trabajo escribiendo la novela. Nosotros, como editorial, estábamos muy orgullosos del packaging que le habíamos dado (por cierto, un poco de trivia, que siempre relaja: la foto de portada, realizada por Nae Esteban -editora de la línea infantil de Tyranno-, se hizo en una granja propiedad de unos parientes de Ester Olivé, pareja de José M. Rodríguez -editor de la línea cine de Tyranno-, cuyo brazo y pierna son los que aparecen en primer plano)... ¿qué podía fallar?
Un buen libro, una buena edición... y, además, unas reseñas espectaculares. De El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas mandamos muchos ejemplares de prensa porque no dejaban de pedirlos. Salieron innumerables reseñas y críticas y, salvo que me falle la memoria, no recuerdo que hubiera ni una sola que fuera negativa. Se habló del libro en incontables webs y blogs, José M. y Darío hablaron sobre él por la radio... Autor y editorial ya nos estábamos frotando las manos con los royalties que íbamos a recibir del libro cuando, sin vaselina ni nada, llegaron los números de venta: el libro había funcionado fatal. ¿Cómo podía ser?
Con el tiempo y la experiencia sabemos que hubieron varias cosas que fallaron. Junio no fue el mes más acertado para publicarlo, por ejemplo, y la distribución dejó mucho que desear. La HOSTIA así, en mayúsculas, que se pegó El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas fue un golpe durísimo para todos nosotros del que solo nos recuperamos cuando, más de un año después, en otoño de 2014, hicimos una redistribución aprovechando el cambio de distribuidora y la nominación (que luego se transformó en premio) del libro a los NOCTE como Mejor Novela Nacional de Terror. A día de hoy, sin tener todavía los nuevos números de venta, sí que sabemos que el libro se ha distribuido como Dios manda y que quedan muy pocos ejemplares en el almacén, lo que nos hace pensar que por fin ha funcionado como se merecía.

Bien, explico el caso de El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas porque es un libro cuyo autor no recibió ningún adelanto económico, solo la promesa de unos royalties que dependían de las ventas y que, por tanto, y a tenor de como funcionó en el momento de su publicación, es un claro ejemplo de lo mal pagados que están los autores. Si El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas no hubiera tenido una segunda distribución un año después, lo que Darío hubiera cobrado por el mismo no hubiera compensado, ni en broma, el trabajo que le llevó escribirlo.
Y ahora mirémoslo también desde el punto de vista editorial: El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas fue, hasta su redistribución el año pasado, un libro deficitario. La inversión económica que supuso para Tyrannosaurus publicar el libro no se recuperó y, evidentemente, si ni siquiera se recuperó la inversión, tampoco generó ninguna ganancia.
Y esto nos lleva a la mare dels ous, que decimos los catalanes: a lo justo y lo posible. ¿Hubiera sido más justo que, teniendo en cuenta la calidad literaria de El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas, las increíbles reseñas, el Premio NOCTE y, por supuesto, las horas de trabajo, el autor hubiera recibido un adelanto por su publicación? Desde un punto de vista artístico: sin ninguna duda. Desde un punto mercantilista: ni de coña. ¿Pesa más, entonces, el punto mercantilista que el artístico? Respuesta corta: sí. Respuesta larga: sí, pero...

...¿Qué es lo posible? Miremos de extrapolarlo al "mundo real" con un ejemplo muy básico. Si alguien que se dedica a limpiar escaleras cobra 10€ la hora y realiza 10 horas de trabajo, lo justo es que cobre 100€. Si alguien escribe un libro y le dedica 500 horas, a estos 10€ la hora, ¿debería cobrar 5000€ por el libro? pues, sinceramente, ¿qué habría de malo? sería lo justo, visto así. Ahora imaginemos que alguien viene a Tyrannosaurus con esta idea. Sabiendo que nuestras tiradas son de entre 300 y 500 ejemplares y que a la práctica va a recibir entre 1€ y 2€ por ejemplar vendido... ¿llegaría a ingresar esos 5000€ que desea?
¿Es justo pagar 5000€ a un autor por un libro con un planteamiento como éste? SÍ. ¿Es posible hacerlo? NO. Dolorosamente, es así de claro.
Entonces... volvamos al principio. ¿Los artistas están mal pagados dentro del actual sistema? Sin ninguna duda. ¿Se les PUEDE compensar como merecen DENTRO DEL ACTUAL SISTEMA? Difícilmente.

Vale, el sistema es una mierda. Hasta aquí estamos todos de acuerdo. Pero, entonces, ¿qué solución hay? Básicamente hay dos cosas que hay que tener muy claras para poder seguir adelante:
1- Ser muy conscientes de la realidad; conocerla.
2- No dormirse en los laureles ni fantasear demasiado.
Conociendo la realidad, uno puede adecuar lo justo a lo posible. Por ejemplo: si sabemos que Tyrannosaurus no va a publicar, a priori, más de 500 ejemplares de tu libro, difícilmente podrás ganar los 5000€ que quieres publicando con nosotros. Entonces, sencillamente, tal vez Tyrannosaurus no sea la editorial que necesitas. Y esto (me gustaría recalcarlo para que no se malinterpreten mis palabras) no quiere decir que Tyrannosaurus pague poco, sino que paga lo que es posible para una editorial así. Otras editoriales podrán pagar más no porque tengan capacidad de soltar más dinero, sino porque tendrán capacidad de una mejor colocación en este mercado que decíamos antes en el que sobra pastel por todas partes y podrán hacer mayores tiradas y campañas de promo más efectivas. Por supuesto, también habrá editoriales que no podrán llegar a lo que se puede ganar publicando con Tyrannosaurus por, EXACTAMENTE, la misma razón pero a la inversa.

Hablo ahora como autor: antes de fundar Tyrannosaurus Books trabajé durante muchos años como escritor freelance. Escribí varios libros (algunos de ellos todavía están a la venta) y colaboré activamente con diversas revistas de kiosko. La mayoría de libros que escribí fueron libros de encargo. Ni que decir tiene que me sentía mal pagado pero, tras los primeros 12 o 14 meses trabajando así y poniéndome como un basilisco cada vez que llegaban royalties que cobrar, hice un esfuerzo para mirar de entender qué estaba fallando. No me creía a los editores cuando me pasaban los informes de venta; pensaba que me estafaban y que realmente se vendían muchos más libros de los que me decían. Así que, simplemente, empecé a escandallar (hasta donde pude) mis libros conociendo las tiradas que tenían. Puesto que mi profesión es la de diseñador gráfico, conocía los costes de impresión aproximados de los libros; y, puesto que también había trabajado unos años en una librería, sabía el porcentaje que se quedaban de cada libro. Una vez hechos los cálculos me di cuenta de que estaba cobrando lo correcto (que no quiere decir que fuera lo justo). Entonces también me di cuenta de eso que repito una y otra vez en este blog: lo de que no se pueden pedir peras al olmo.
Las editoriales con las que trabajaba tenían las posibilidades que tenían debido a las tiradas que podían realizar. Había otras editoriales con otras posibilidades, claro que sí, y eso fue lo que me hizo entender la diferencia entre lo justo y lo posible.
En los años en los que trabajé como freelance y, tras asimilar todo esto, me fui abriendo camino en otras editoriales con mayores posibilidades pero sin abandonar las que ya tenía. Simplemente, multipliqué mi ritmo de trabajo. Así, podía hacer un libro de encargo al mes, por ejemplo, mientras escribía para diversas revistas. Hubo ocasiones en las que llegué a cobrar más por un artículo en una revista que por un libro de 300 páginas; pero es que la realidad era esta.

Ejemplos de lo justo y lo posible los hay a patadas. En Tyrannosaurus también nos hemos encontrado, por ejemplo, con ilustradores que se han ofrecido como portadistas y, tras decirles nuestras tarifas, se han indignado diciendo que son ridículas. ¿Es realmente así? ¿Son tarifas ridículas para una editorial como Tyrannosaurus? la respuesta es no, no lo son. Son las tarifas posibles para una editorial como Tyrannosaurus. Si a un ilustrador no le compensa por las horas que dedica a una portada, simplemente es que Tyrannosaurus no es la editorial que le conviene. Y ya está. Así de fácil. El coste de una portada entra dentro del escandallo de un libro. Y si el coste total de un libro es, por decir algo, de 1000€, la portada no puede costar 700€. Tal vez un libro cuyo coste sea de 10.000€ sí que puede asumir una portada de 700€. Pero esa es otra liga y la puerta a la que llamar no está en Les Franqueses del Vallès sino en la Avinguda Diagonal de Barcelona.

Entender lo justo y lo posible es lo que puede conseguir que se deje de pensar aquello de que los editores son unos sátrapas que se enriquecen a costa del trabajo de los escritores, es lo que puede hacer que uno deje de lamentarse y se ponga a trabajar y, sobretodo, entender esto es la clave para rentabilizar el esfuerzo y la dedicación propias.

dilluns, 22 de desembre de 2014

Breve declaración de intenciones | 5 pequeños secretos

Faltan ya muy pocos días para terminar el año y de verdad que en Tyrannosaurus Books estamos ansiosos para que llegue el 2015. No solo estamos preparando un mogollón de novedades para los próximos 12 meses, también hemos estado reestructurando un poco la editorial y realizando algunos cambios substanciales, tanto de forma como de contenido, que ya se empezarán a notar dentro de unas semanas con la publicación de las dos primeras novelas del año, El hombre spam y Ángeles robados, y el propio diseño gráfico de los libros.

Como hemos avanzado en alguna que otra entrevista que nos han hecho estos últimos días, en 2015 vamos a abrirnos mucho más al cómic con la publicación de varias obras inéditas; sobretodo yankis (aunque también alguna de más cercana). Empezaremos en enero con el primer volumen (de 2, por el momento) de Tomb of Terror. En febrero será el turno de Supernatural Law. Y a partir de marzo llegarán Madam Tarantula, The Bomb, Paleo (la serie original previa a Loner, que hemos publicado este mismo mes de diciembre y que lo está petando)... además de Illworld y de Dinotour, el trabajo más reciente de Jim Lawson (Las Tortugas Ninja). Tenemos muchos más en mente, pero tal vez sea demasiado pronto para hablar de ellos ;)

En Tyrannosaurus tenemos la sensación de que 2015 marcará un antes y un después en la editorial (como lo marcó en diciembre de 2012 la publicación de El camino de baldosas amarillas) y es que, definitivamente, será un año que empezaremos con un ritmo de publicación, un calendario, una distribución, una serie de proyectos y unos recursos como nunca antes hemos tenido. Nuestra actitud también será diferente (mejorada, desde nuestra perspectiva) y, aunque nuestra dedicación a la editorial ha sido total en los últimos dos años, este 2015 lo encaramos con la confianza absoluta en el proyecto y su viabilidad.

Y es con esta misma voluntad de profesionalización (si se quiere llamar así) a todos los niveles, y sin olvidar el compromiso de transparencia que siempre hemos querido ofrecer (no siempre entendido de la mejor manera), que me gustaría aprovechar este final de año para dar 5 breves recomendaciones a todos aquellos que leéis este blog, que sois escritores en ciernes y que deseáis publicar con Tyrannosaurus (o con cualquier otra editorial). 5 pequeños "secretos" que pueden facilitar vuestra entrada en el mundillo y que, aunque parezcan un poco absurdos (o lógicos) parece que a menudo se olvidan (y digo esto teniendo en cuenta las propuestas que nos llegan al correo de la editorial día sí y día también). Vamos allá.

1. Olvidaos de las trilogías, las sagas y similares. En el momento actual, tal y como está el patio, pocos editores van a invertir en sagas escritas tanto por autores desconocidos como por aquellos que no sean best-sellers. Comprometerse a editar una saga es un riesgo económico muy grande, y editar solo el primer volumen pensando en sacar los posteriores solo si este funciona no es algo atractivo (además de ser una falta de respeto a los lectores).

2. Olvidaos de los tochos. Lo ideal es presentar manuscritos de 150 a 250 páginas de word, no más. La razón es similar a la anterior. Aunque la impresión digital que usan muchos editores actualmente ha conseguido abaratar el coste de los libros, sigue siendo más cara que la impresión offset. Por contra, la impresión offset solo es rentable si se hace una gran tirada. Un tocho de 700 páginas es muy caro de producir en digital, en una tirada pequeña, y muy caro de producir en offset (porque requiere una tirada grande), así que tanto de una forma como de otra, si no eres ningún escritor best-seller, es un riesgo demasiado elevado para la editorial; y un coste elevado implicará un PVP elevado. Es un hecho que cualquier libro de un autor desconocido cuyo PVP sea similar al de un autor best-seller entra en terreno peligroso.

3. Sabed donde mandáis vuestras propuestas. Esto ya lo he comentado en algún post anterior, pero creo importante remarcarlo: conoced el catálogo de la editorial a la que mandáis vuestra propuesta y sabed sus posibilidades. No pidáis peras al olmo ni pretendáis que os hagan caso a un proyecto que no se ajusta a las temáticas que a la editorial le interesan.

4. Tened paciencia y capacidad de adaptación. Publicar un libro no es un proceso mecánico, de la misma forma que no lo es el hecho de escribirlo. Hay que valorar multitud de elementos cada vez y, aun después de haber decidido publicarlo, surgen numerosos problemas y detalles que, a veces, requieren más tiempo y esfuerzo del previsto inicialmente. Cuando una editorial decide ponerse en marcha para tirar adelante la publicación de un libro está dedicando tiempo y dinero a ese proyecto, así que jamás penséis que está dejando vuestra obra de lado porque tarda en salir (por ejemplo) o porque propone un formato diferente al habitual para su publicación. Ninguna editorial ni ningún editor va a boicotear su propio libro. Todos los cambios, todo el tiempo invertido, todas las valoraciones, los números, los diseños... están enfocados a que el libro obtenga el mejor resultado en todos los sentidos.

5. Sed justos y sed sinceros (y conoced el negocio). Por mucho que las películas lo vendan de otra manera, ni el oficio de escritor ni el oficio de editor es el que muestran las pantallas de cine. En el momento actual, seguramente, es incluso peor. Nadie (o casi nadie) se hace rico publicando un libro: ni el autor ni el editor; y nadie (o casi nadie) escribe libros que trascienden el tiempo y el espacio. El negocio del libro es complicado. El sistema de distribución, colocación (y devolución, que en algunos casos está en el 60%) y ventas dificulta las cosas. La excesiva oferta y la falta de capacidad de absorción del mercado es un problema. Y, aún con todo, aquí estamos. Como decía antes, no pidáis peras al olmo. Todos sabemos que el hecho de que un libro venda más o menos no depende tanto de su calidad como de su capacidad para darse a conocer. Pero también sabemos que Tyrannosaurus (por poner un ejemplo) no tiene los mismos recursos que Planeta (por poner otro ejemplo) para dar a conocer X libro. Todas las pequeñas editoriales soñamos con publicar un libro de un autor desconocido que, además de tener una calidad tremenda, se venda como rosquillas. Pero esto son cosas de Hollywood.

No os descubro nada que no sepáis ;)

dimecres, 19 de novembre de 2014

2015: EL AÑO (tyrannosáuricamente hablando)

Nos acercamos al final de 2014 y toca ya hacer una breve valoración y empezar a preparar el 2015. 2015 será el tercer año en el que tanto Nae como Jose como yo nos estamos dedicando de manera exclusiva a Tyrannosaurus Books y todo apunta a que será EL AÑO.

En los últimos meses hemos cambiado nuestro sistema de distribución (para mejor) y hemos estado reestructurando paulatinamente nuestras líneas editoriales. Esto es algo que se verá mucho más claramente a partir del año que viene, donde la publicación de cómics, por ejemplo, tomará fuerza dentro de Tyrannosaurus.
2015 será el primer año que empezaremos con la práctica totalidad del calendario de publicaciones cerrado (al menos, para el primer semestre). Ese era un tema que siempre nos había preocupado y parece que, por fin, hemos sabido corregir. Hasta ahora resultaba difícil mantener un calendario a medio plazo por mil motivos pero, sobretodo, por la inseguridad de no saber con qué recursos íbamos a contar al mes siguiente (algo motivado por una distribución limitada). Ahora mismo, con la distribución en manos de SD, las cosas están funcionando de forma muy distinta, lo que nos obliga a preparar las novedades con mucha más antelación pero también nos ofrece una cierta comodidad para poder actuar como es debido.
A mediados de 2014 también cambiamos de imprenta, y el resultado está a la vista de todo el mundo. Creo, sinceramente, que estamos consiguiendo, en general, unas mejores ediciones, con un guillotinado y unas encuadernaciones también superiores a las que habíamos tenido hasta ahora.

Pero dejando de lado los temas más técnicos, 2014 ha sido para Tyrannosaurus, también, un año de aprendizaje a otros muchos niveles. Hemos aprendido la importancia del secreto editorial, hemos aprendido a ser mucho menos confiados y hemos aprendido a ser mucho más exigentes. Siempre lo hemos sido, de exigentes pero, a veces, por querer tener una deferencia hacia alguien o por prisas, o por hacer caso de rumores o de informaciones no contrastadas, hemos cometido errores de todo tipo. Supongo que nadie nace enseñado y las cosas se aprenden a hostias, como dice aquél. Pero lo pasado, pasado está, y ahora toca mirar hacia el futuro.
La noticia alegre (por no decir positiva, porque lo del aprendizaje a hostias no deja de ser algo positivo, aunque sea duro) a nivel personal (editorialmente hablando), ha sido el NOCTE que se ha llevado "El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas", de Darío Vilas, como mejor novela nacional de terror. Es el primer premio de esta envergadura que conceden a un libro publicado por Tyrannosaurus Books, y eso recarga las pilas. Y mucho.

Pero volviendo al título de este post, 2015 se presenta como un gran año. Para empezar, queremos sacar novedades cada mes; y es nuestro deseo que sean un mínimo de tres novedades entre cómics, novelas y ensayos. Limitaremos la publicación de libros infantiles a las temporadas clave y, aunque no tan tajantemente, pero también queremos enfocar la edición de ensayos cinematográficos cara a finales de año, la época de festivales.
En cuanto a cómics, tenemos grandes títulos a punto: "Supernatural Law" de Batton Lash, "Madam Tarantula" de Mike Hoffman, "Paleo" de Jim Lawson, "Bloke's Terrible Tomb of Terror", "Electric Frankenstein", "The Bomb"... y no habrá mes en el que alguno (o más de uno) vea la luz. Además, estamos negociando otras sorpresas que esperamos anunciar muy pronto.
¿Y novelas? Pues "El hombre Spam", "Ángeles robados", "Frankenstein MC" y "Vendrán de las nubes", que ya habíamos anunciado para 2014 pero que al final hemos pospuesto a 2015, y otras sorpresas: "Mr. Coburn", "El día del dinosaurio", "Girando en Simetría" (¡vuelve la colección Dirt!)... y el plato fuerte del año: "El martillo de Lucifer", de Larry Niven y Jerry Pournelle, el gran clásico apocalíptico de 1977, con nueva traducción. En su momento se vendieron más de 1.000.000 de ejemplares. No aspiramos a tanto, pero esperamos que tanto los aficionados a la sci-fi de los 70 como a todos los que les guste la buena lectura, no lo dejen escapar.
Ah! y, por supuesto, en febrero vuelve "Ácronos. Antología steampunk". El tercer volumen, ya. Mola.
Como siempre, no están todos los que serán, pero prefiero guardarme algunas cosillas para más adelante (incluído el tema de la edición de DVDs) ;)

En fin... lo dicho: empezamos el tercer año de Tyrannosaurus full time y (¿porqué no decirlo?) más fuertes que nunca. 2015 será EL AÑO.

dilluns, 22 de setembre de 2014

Casos REALES de experiencias tyrannosáuricas con agencias y agentes!

CASO #1
Nos interesamos por publicar una trilogía de un autor americano ya fallecido, una auténtica leyenda de la ciencia-ficción. Tras hablar con la familia, nos ponen en contacto con la agencia literaria que representa la obra en España y que resulta ser una de las agencias más potentes del país.
Tras varios intentos (contestar e-mails y llamadas es algo que no se estila mucho), conseguimos hablar con ellos, que nos piden que les detallemos nuestros planes. Lo hacemos y dicen que lo valorarán y nos darán respuesta. Pasan los meses. Tras mucho insistir, un día nos devuelven la respuesta con una llamada en la que nos piden una suma considerable por adelantado, al mismo tiempo que defienden la obra en la que estamos interesados (y que por lo que dicen, está claro que no se han leído) en un tono extraño. Si no fuera porque es algo totalmente impensable, diríamos que la agente en cuestión se ha pasado con el vino a la hora de la comida (la llamada es a primera hora de la tarde). Lo que piden es pasta, pero bueno, les decimos que lo valoraremos. Lo estudiamos y decidimos liarnos la manta a la cabeza y aceptar, así que al cabo de dos días les escribimos para decir que adelante. Reacción de la agencia: nos piden más dinero. Les contestamos que nosotros no estamos haciendo ninguna oferta, sino aceptando la que ellos mismos nos propusieron unos días atrás. Silencio. Pasan los meses. Preguntamos qué pasa. Al cabo de unos días, recibimos una nueva llamada de la agente etílica, que nos dice, literalmente: "No tengo tiempo de hablar, que voy muy liada, ya os llamaré". Recalco que es ella quien nos llama. Desde entonces vivimos pegados al teléfono, pero nada...

CASO #2
Uno de los autores a los que hemos publicado firma contrato con una agente, que pide reunirse con nosotros. Aceptamos. Vamos a la reunión y nos comenta que quiere que le devolvamos los derechos del libro que hemos publicado a su autor porque ella quiere llevar la obra completa del mismo. "Vale", le decimos, "el libro acaba de salir publicado no hace ni dos meses. Ni siquiera sabemos aun si se está vendiendo bien o no, así que todavía no podemos hacerlo". "Planeta lo haría", nos dice. La primera. "¿Para qué quieres los derechos ahora?", le preguntamos. "¿Vas a mover el libro por el extranjero o algo así?". "No", responde. "Nosotros no tenemos ni idea de literatura de terror. No voy a hacer nada con este libro, pero quiero tener toda la obra (del autor en cuestión)". La segunda. "¿Entonces como es que habéis cogido a este autor en la agencia, si no tocáis el género que él hace?", preguntamos. "Porque le hemos dicho que haga un libro de amor, que eso sí que lo podemos colocar bien", dice. "Ah", exclamamos todos al unísono. "Escribe muy bien", continua ella. "Bueno, no lo sé, porque no me he leído el libro (el libro del que quiere los derechos). Yo, es que con los libros de terror, no puedo". La tercera y gong final. 

CASO #3
Mi caso preferido: queremos publicar una obra de ciencia-ficción clásica. Un título que ya tiene más de 30 años, que en su momento fue un gran éxito, pero que lleva muchos años sin reeditarse. Contactamos con la agencia española que representa a la editorial original. Otra de las grandes agencias literarias españolas (distinta a la del caso #1). Les escribimos, les hacemos una oferta, la rechazan, nos hacen una contra-oferta, la rechazamos, les hacemos otra contra-oferta, la aceptan. Bien. Mientras ellos preparan el contrato, nosotros buscamos traductor y lo encontramos. Esperamos el contrato. Y lo esperamos. Y lo esperamos. Pasan las semanas, pasan los meses, y seguimos esperando el contrato. Paralelamente, la agencia en cuestión nos ha puesto en su base datos y recibimos día si y día también spam ofreciéndonos otros títulos y anunciando que ahora llevan la editorial tal o la editorial cual. Y pasan los meses. Y les mandamos e-mails preguntando y no hay respuesta. Y les llamamos y no cogen el teléfono. De repente, un día, tras un e-mail un poco borde en el que les decimos que dejen de mandarnos spam y que nos manden el contrato del libro que YA hemos acordado contratarles, nos contestan: lo están preparando. "Vale", decimos. Un poco de paciencia. El traductor nos pregunta y le decimos que está todo en marcha. Pasan las semanas, pasan los meses. Sigue llegando spam a tutiplén. Seguimos preguntando, al menos una vez al mes, como está la cosa. Ni caso. Un nuevo e-mail borde y una nueva respuesta: están a la espera de que los americanos les pasen el contrato. "Vale", les decimos. "Mientras tanto, para ir ganando tiempo, pasad los materiales y así vamos trabajando en la traducción". Silencio. Pasan las semanas, pasan los meses. Ya son 6 meses desde que llegamos a un acuerdo. Insistimos. No contestan. Un tercer o cuarto o quinto e-mail borde a los 10 meses desde el inicio de todo el tema y nueva contestación. Giro de los acontecimientos: "El editor americano ha perdido el contrato, así que hay que volver a empezar". Nos enfadamos primero y nos resignamos después. A estas alturas ya nos ha tirado por los aires el calendario de publicaciones del año y parte del presupuesto, pero como el libro nos interesa, seguimos adelante. Aún así, le decimos a nuestro traductor que no sabemos cómo va a acabar la cosa, así que, por el momento, no cuente con ella. Pasan 3 meses más y de repente recibimos un e-mail tipo: "Sr. editor: le enviamos ejemplar del libro solicitado por correo para traducción". ¿Es posible? ¿Por fin nos mandan los materiales? Eso es que el contrato ya está al caer también, ¿no?
Llega el libro. Un ejemplar de una manoseada edición de bolsillo americana de principios de los 80. Tras la euforia inicial (y la eterna pregunta de por qué no mandan los materiales digitalizados), nos sentamos a repasar el libro antes de mandárselo a nuestro traductor y (oh, sorpresa) es un ejemplar defectuoso al que le faltan varias páginas. Nos da un ataque de risa histérica. Uno de nosotros empieza a dar vueltas en círculos, otro a darse cabezazos contra la pared. Yo decido ponerme un embudo en la cabeza, una mano en el pecho y salir a la calle sin pantalones ni calzoncillos mientras canto a gritos la internacional.
Casi un año después, el contrato sigue sin llegar, pero acaba de entrar más spam. Ou, Yeah.